La iniciativa de Savater y otros ciudadanos españoles para crear un nuevo partido político ya está en el aire. ¿Hay en España espacio político para una nueva formación que nace como clara contestación inconformista frente a la política que se hace en el país, con el Gobierno y los dos grandes partidos políticos cortejando a los nacionalistas de todas las banderías? ¿Hay espacio para una formación ciudadana cuya hipótesis de trabajo es la regeneración de los principios morales en la actuación política y en la vida pública?
Una es la moral del ciudadano, que muchas veces se siente escandalizado con el trueque constante de los valores que deben estar por encima de transacciones politiqueras, y otra es la moral del político, que viene obligado dizque por circunstancias legítimas a convertir la vida política unas veces en guerra sin cuartel y otras en un mercado persa donde todos los cargos políticos se transforman, como por arte de magia, en profesionales de coche oficial.
La reciente experiencia de algunos intelectuales catalanes con Ciutadans no fue, como algunos pronosticaron, una aventura. Las disputas actuales en el seno de los dirigentes de Ciutadans son, dicen algunos intelectuales cercanos a ese barrio, crisis de crecimiento más o menos repentino.
Savater, que es un intelectual activo, un profesor respetado, un escritor muy leído, un ciudadano dialogante con quienes saben dialogar pero implacable con quienes hacen de su capa un sayo y ejecutan el aquelarre de la violencia como si fuera un baile folclórico, se ha lanzado al albero reclamando un espacio para quienes se han cansado del juego de los partidos tradicionales de nuestra democracia y se muestran escépticos pero deseosos de encontrar a la vuelta de la esquina sus ilusiones perdidas. Lo último que he leído de Fernando Savater ha sido La vida eterna (Ariel), ensayo no recomendable para fanáticos convencidos de su verdad exclusiva, pero muy ilustrativo para quienes nos pasamos por lo menos la mitad del tiempo dudando de todo, incluso de nosotros mismos.
«Muchos debates de este Gobierno se han quedado en nada», declaró Savater a ABC, en entrevista de Jesús García Calero, a principios de marzo pasado. Es cierto, aunque habría que añadir que la nada es característica repetitiva y contumaz en todos los gobiernos del mundo. España no iba a ser una excepción, y menos con el Gobierno actual, que parece empeñado en que el conejo de la paz le desrisque la perra de la libertad.
Savater, como otros muchos ciudadanos españoles, sabe que la libertad de todos, absolutamente de todos, está muy por encima de la paz que algunos proponen -Zapatero incluido- y pretenden obtener para ser memoria histórica por los siglos de los siglos. Me refiero, claro, a la paz indigna, la que se consigue cediendo la libertad de todos como si esa misma libertad fuera una especia con la que se puede cocinar el olvido y la cuenta nueva.
En los próximos meses, el proyecto político de Savater, que se ha estrenado esta semana, puede ser una realidad más o menos chocante para los partidos tradicionales. ¿Qué querían que ocurriera entre tanto trueque de cargos políticos, como si los votos fueran estampitas intercambiables para jugar los domingos por la tarde, y entre tanta conversación con los terroristas, tanto talante de paz y tanto discurso vacío?Cierto también: el intelectual, el escritor, el artista, casa mal con la política activa. Hay casos excepcionales (Azaña, en España), pero la regla general nos enseña que el intelectual, un animal en extinción que ya no está de moda, es casi siempre un ser incorregible no apto para soportar la disciplina de un partido político (salvo que lo dirija) e incapaz de desayunar con sapos todos los días. Difícil adaptación la del dinosaurio pensante entre una gran multitud de mediocres depredadores cuya insaciabilidad resulta letal para los ciudadanos. El espacio, entonces, esa es la cuestión. El espacio y la capacidad de Savater para movilizar una parte de la ciudadanía que anda renqueando entre el cansancio y el escepticismo.
1 comentarios:
Hola colega!!!Espero que todos los exámenes hayan ido bien y te des un homenaje este verano, yo, como precario, no tengo vacaciones... te dejo dos reflexiones del premio de literatura del principe de asturias que valen para lo que nos pasa aquí en España con el tema ETA. Si tienes tiempo, lee "Una pantera en el sótano" o "Contra el fanatismo"... un abrazo amiguete!!!
«Llegar a un acuerdo, a un compromiso tiene una reputación nefasta en la sociedad europea. Especialmente entre los jóvenes idealistas, que siguen considerando que llegar a un acuerdo es oportunista y algo artero y oscuro que implica falta de coraje. No es mi vocabulario. Para mí llegar a un acuerdo significa vida. Y lo contrario de llegar a un acuerdo no es idealismo ni devoción. Lo contrario es fanatismo y muerte.»
«Se requiere llegar a un acuerdo, a un compromiso, no llegar a una capitulación. Lo que significa que los palestinos jamás deberían arrodillarse. Ni tampoco los judíos.(...) pero quiero decir desde el principio que va a doler de lo lindo. (...) Muchos judíos israelíes no se dan cuenta de lo profunda que es la conexión emocional de los palestinos con la tierra. Igual que muchos palestinos no consiguen darse cuenta de lo profunda que es la conexión judía con la misma tierra. Pero para llegar a comprenderlo, ambas naciones tienen que atravesar un doloroso proceso que pasa por prescindir de los sueños, de las ilusiones, de las esperanzas y de los viejos eslóganes del pasado en ambos bandos.»
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