El fallecimiento de Paco Umbral ha conmocionado a un pequeño sector de la población interesado en “veleidades absurdas” tales como la Literatura, la Filosofía y el Arte. El resto, o sea, la gran mayoría, parece no conocer a este mago de la letras o ignorarlo, lanzándose a la amarga despedida de un joven futbolista. No quiero en ningún momento despreciar los homenajes realizados al jugador andaluz, pero sí plantear algunos interrogantes referentes a la religión que se ha creado alrededor del fútbol.
¿Dónde ha quedado la Ilustración, los Desastres de Goya, la Literatura Revolucionaria y los movimientos intelectuales? Todavía no alcanzo a comprender la vigencia del “pan y circo” en esta petulante sociedad de famosos, folclóricas, futbolistas, toreros y políticos. ¿De qué ha valido el fomento de la cultural, si en el entierro de uno de los grandes de la prosa universal del siglo XX sólo acuden un par de amigos? (Periodistas, escritores y políticos de rigor, entre los que faltaron miembros de la ideología de Umbral, que no asistieron por vergüenza ante el que denunció la traición de principios.)
Si este país ignora la vida y obra de uno de sus sabios, todo apunta que lo mismo sucederá con los científicos, filósofos, historiadores y literatos que dedican su vida al enriquecimiento del ser humano. Tampoco es momento de sorpresas, pues la deseducación de la LOGSE y otros delitos educativos ha creado un campo de expertos en la cienciología y el paramento, miembros del selecto club europeo de analfabetos. Las dificultades por unir un sujeto y un predicado, el escaso repertorio léxico, el desconocimiento de la Historia de España y el desprecio a todos aquellos que dedican su vida a crear belleza con la palabra es nuestro pan de cada día. Esto es así y seguirá siendo hasta que nuestros políticos, más preocupados en ganar el voto joven con botellones en lugar de con bibliotecas, lo remedien.
¿Dónde ha quedado la Ilustración, los Desastres de Goya, la Literatura Revolucionaria y los movimientos intelectuales? Todavía no alcanzo a comprender la vigencia del “pan y circo” en esta petulante sociedad de famosos, folclóricas, futbolistas, toreros y políticos. ¿De qué ha valido el fomento de la cultural, si en el entierro de uno de los grandes de la prosa universal del siglo XX sólo acuden un par de amigos? (Periodistas, escritores y políticos de rigor, entre los que faltaron miembros de la ideología de Umbral, que no asistieron por vergüenza ante el que denunció la traición de principios.)
Si este país ignora la vida y obra de uno de sus sabios, todo apunta que lo mismo sucederá con los científicos, filósofos, historiadores y literatos que dedican su vida al enriquecimiento del ser humano. Tampoco es momento de sorpresas, pues la deseducación de la LOGSE y otros delitos educativos ha creado un campo de expertos en la cienciología y el paramento, miembros del selecto club europeo de analfabetos. Las dificultades por unir un sujeto y un predicado, el escaso repertorio léxico, el desconocimiento de la Historia de España y el desprecio a todos aquellos que dedican su vida a crear belleza con la palabra es nuestro pan de cada día. Esto es así y seguirá siendo hasta que nuestros políticos, más preocupados en ganar el voto joven con botellones en lugar de con bibliotecas, lo remedien.
En definitiva, quizás el mundo de la cultura debe estar restringido a un grupo de nostálgicos que se nieguen a entrar en la dinámica relativista. Quizás el destino de Umbral y otros muchos de su estirpe sea morir en la completa indiferencia, para así comenzar su leyenda. Admiro la labor de el diario EL MUNDO por homenajear tan vivamente al escritor. Siento profundamente la partida de Umbral, pero no por el hecho biológico, útil y necesario en la dinámica humana, sino por dejar a España en manos de los de siempre, telepredicadores del llanto y del espectáculo. Se echará en falta a este cincelador del verbo, aunque su vida, que es novela, ya es eterna.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada